https://greenmarked.it/wp-content/uploads/2026/10/martinophuc-cortina-dampezzo-8504755-scaled.jpg
1703
2560
Pietro Boniciolli
https://greenmarked.it/wp-content/uploads/2022/01/LOGO-GREENMARKED-SITO-600x600.png
Pietro Boniciolli2026-10-06 05:00:042026-10-06 09:54:23Cuando la Herencia Pasa FacturaCuando el Mundial de la FIFA 2026 se adjudicó a Canadá, México y Estados Unidos, el torneo se presentó como una oportunidad para redefinir los estándares de sostenibilidad para los eventos deportivos internacionales. Al tener tres países anfitriones, se esperaba reducir la necesidad de construir nuevos estadios, confiando en usar la infraestructura ya existente. La FIFA reiteraba al mismo tiempo su compromiso con la acción climática mediante controles de emisiones, iniciativas de energías renovables, y programas de compensación para las emisiones de carbono.
Pese a ello, como decíamos recientemente en nuestro artículo Tras el Pitido Final, la infraestructura supone una sola pieza de todo lo que es el puzle medioambiental de un gran evento deportivo. El transporte, en particular aéreo, sigue siendo de largo una de las principales causas del incremento de la huella de carbono en estos grandes eventos. La expansión del torneo al pasar de 32 a 4 equipos, con 104 partidos distribuidos en 16 ciudades anfitrionas separadas entre sí por millones de kilómetros supone todo un reto en este aspecto. Distintos informes independientes sugieren que la Copa del Mundo de la FIFA 2026 podría convertirse en el torneo con más emisiones de carbono de la historia del fútbol, llegando a superar el total de nueve millones de toneladas de CO2 equivalente, gracias en su mayor parte a los vuelos nacionales e internacionales [1,2].
Entre los muchos aviones que han cruzado Norteamérica durante el torneo, uno captaba especialmente la atención, el del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. A menudo los espectadores se sorprendían ante sus apariciones, que parecían inhumanas, ya que viajaba constantemente entre ciudades, llegando a acudir alguna vez a dos partidos en el mismo día en dos ciudades distintas, usando un jet privado mediante la colaboración de la FIFA con Qatar Airways [1]. Según las investigaciones de periodistas de la BBC Sport; ya hacia la mitad de la competición habría recorrido 43 000 millas (unos 69 000 km), generando unas emisiones que los expertos climáticos comparan a la huella de carbono anual que podrían generar docenas de “ciudadanos medios” [1]. Desde un punto de vista estrictamente cuantitativo, las emisiones asociadas a un individuo son nimiedades comparadas con las que producen los cientos de miles de aficionados que han viajado por todo Norteamérica. Sin embargo, reducir la discusión a los números nos hace perder el foco del problema, que está en el hecho de que los viajes del presidente de la FIFA son meramente simbólicos y por un valor institucional.La gobernanza climática se construye no solo basándose en soluciones tecnológicas, requiere también credibilidad.

Se espera cada vez mayor consistencia entre los compromisos medioambientales y el comportamiento de los líderes de instituciones públicas, gobiernos y organismos internacionales. Este principio, al que se le suele llamar carbon accountability, llega más allá de las emisiones, e incluye también la percepción sobre si las organizaciones están realmente implicadas en la reducción de las mismas. Este detalle es particularmente importante en los deportes, ya que al contrario que en el sector industrial, las emisiones no están directamente ligadas a la productividad. Los eventos deportivos son mucho más impactantes ambientalmente según las elecciones que se toman con respecto a la movilidad, la logística y las prioridades organizativas, y cada decisión – desde el formato de los torneos hasta los horarios de los viajes – refleja un modelo de gobernanza. Se hace pues evidente la contradicción: mientras la FIFA ha señalado en repetidas ocasiones el transporte aéreo como uno de sus mayores retos en materia de sostenibilidad del Mundial [3], el mismo presidente ha dependido en gran medida de uno de los métodos de transporte más contaminante disponibles.
El transporte aéreo privado ocupa una posición única dentro de las conversaciones entre los científicos ambientales, ya que a pesar de suponer una pequeña fracción de los vuelos a nivel global, las emisiones por pasajero son considerablemente mayores a las asociadas a los vuelos comerciales, ya que los aviones transportan a muchos menos pasajeros mientras consumen el mismo combustible. La Agencia Internacional de la Energía y otros estudios académicos han identificado en numerosas ocasiones a los aviones privados como uno de los métodos de transporte más ineficientes en base a las emisiones por pasajero y distancia [4]. El problema va más allá de rendirle cuentas al clima, también hay que considerar el el mensaje que se envía desde el liderazgo institucional. Ocurre cada vez más frecuentemente, las principales organizaciones deportivas se presentan como actores dentro de las agendas de sostenibilidad a nivel global, la FIFA se ha unido a la estrategia ambiental de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas [5], a la par que federaciones nacionales van publicando informes de sostenibilidad que destacan su compromiso con la descarbonización. Estos compromisos generan inevitablemente unas expectativas mayores sobre un comportamiento coherente.
Esta tensión se ha visto incrementada debido a las acusaciones de los altos niveles de greenwashing que hay en el deporte internacional. Este término se refiere a situaciones en las que se da una comunicación ambiental muy ambiciosa que no se ve reflejada en el ámbito práctico a nivel operacional. Las estrategias de sostenibilidad que se centran sobre todo en la compensación de carbono, sin hacer referencia a las fuentes estructurales de las emisiones, se arriesgan a no tener demasiados beneficios ambientales mientras refuerzan el escepticismo de la opinión pública [6]. El Mundial de 2026 representa precisamente este dilema: el uso de estadios ya existentes sin duda reduce las emisiones asociadas a su construcción. No obstante, este “ahorro” se ve completamente eclipsado por las emisiones relacionadas con el transporte, generado por una dispersión geográfica del evento nunca vista hasta la fecha. Desde el análisis ambiental, el evitar las emisiones asociadas a la estructura de esta manera no pueden compensar la creación de nuevas emisiones por el incremento en la demanda de viajes en avión.

Figura 1: Dibujo del área de penalty con el verde deshaciéndose Illustration of the penalty area with green melting away, Guilherme Gomes en Pixabay
La contradicción se hace todavía más compleja al considerar el contexto geopolítico que rodea el torneo. Pese a ser celebrado en Norteamérica, esta competición ha destacado la creciente red política global de la FIFA. Uno de los principales socios comerciales de la FIFA, Qatar Airways, juega un papel fundamental en la logística del evento, incluyendo el aporte de aviones para muchos altos cargos [1]. Al mismo tiempo, la organización sigue manteniendo colaboraciones y tratos comerciales con grandes empresas de combustibles fósiles, siendo la más notable Saudi Aramco, pese a las críticas de científicos y organizaciones ambientalistas con respecto a la compatibilidad de estos tratos con los objetivos de descarbonización [2]. Más allá de patrocinios, el torneo se ha desarrollado entre tensiones geopolíticas crecientes, como restricciones a la inmigración, problemas con los visados que han afectado a aficionados de diversos países, y conflictos diplomáticos que han influido la participación y los itinerarios de viaje. El fútbol, que en su día fue descrito como políticamente neutral, como deberían ser los deportes, refleja cada vez más claramente la complejidad de un mundo globalizado en el que el deporte, la diplomacia y los negocios internacionales están profundamente interconectados.
En un contexto así, la movilidad no es simplemente un problema logístico, es político. Cada vuelo acarrea un coste ambiental que refleja las elecciones conscientes sobre prioridades, accesibilidad, y quién se espera que sea responsable de reducir las emisiones. Pese a que se anime a los aficionados a reducir su impacto ambiental a través de cambios en el comportamiento individual, son las instituciones las que están en una posición mucho más decisiva a la hora de influir en las emisiones del torneo mediante la toma estratégica de decisiones [1].
La literatura científica en tema de megaeventos [7,8] llega siempre a una conclusión similar: la eficiencia tecnológica no llega a traducirse en una reducción significativa de las emisiones por sí sola, no mientras la demanda de viajes de larga distancia continue creciendo. Este fenómeno, conocido como "rebound effect", explica porqué las mejoras en la eficiencia normalmente se ven superadas por un aumento en la escala de la actividad. La expansión del Mundial de la FIFA es un perfecto ejemplo de esta paradoja, una competición más grande crea mayores oportunidades económicas, tiene mayor audiencia a nivel global, y los beneficios comerciales son mayores. Al mismo tiempo necesita más vuelos, recorrer mayores distancias, y la logística se hace más compleja, lo cual hace que la sostenibilidad ambiental sea una cuestión más de gobernanza que de tecnología.
Al final del día, la polémica en torno a los viajes de Gianni Infantino no debería interpretarse como una crítica a un solo individuo. Lo que se expone es un reto mucho mayor para el deporte internacional: ¿pueden las instituciones globales liderar de manera creíble acciones climáticas manteniendo estas expansiones de escala y movilidad en sus eventos? La respuesta dará forma a algo más que el legado medioambiental del Mundial 2026; determinará si la sostenibilidad en los deportes evoluciona hacia un modelo de organización mejor, o se queda en una narrativa poderosa que acompaña al “business as usual”.
REFERENCIAS:
[1] BBC Sport. (2026). Infantino’s World Cup travel under scrutiny. https://www.bbc.com/sport/football/articles/cgev5wy0zg3o
[2] PRmoment. (2026). A FIFA World Cup far from net zero. https://www.prmoment.com/esg/a-fifa-world-cup-far-from-net-zero
[3] https://inside.fifa.com/sustainability/sustainability-strategies-for-events
[4] International Energy Agency. (2024). Aviation – Tracking Clean Energy Progress.
[5] United Nations. (2015). Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development.
[6] NC State University. (2026). FIFA World Cup Faces Growing Sustainability Challenges, https://cnr.ncsu.edu/news/2026/06/fifa-world-cup-sustainability/
[7] Gogishvili, D., & Müller, M. (2025). Mega-events and the climate: what’s the game?. Current Issues in Sport Science. https://ciss-journal.org/article/view/12055
[8] Su, X. et al. (2025). Carbon emission and energy risk management in mega sporting events. Frontiers in Environmental Science. https://doi.org/10.3389/fenvs.2024.1513365
Cover and preview image: Pelota sobre el césped, source [6]



















