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Paula Ruiz del Coro
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Paula Ruiz del Coro2026-05-05 06:48:522026-05-04 19:36:33Literatura verde: Confesiones de un Ecologista en RehabilitaciónA menudo vemos los libros como una especie de escape, una forma de dejar la realidad a nuestras espaldas y visitar nuevos mundos, galaxias lejanas, otros futuros. La ciencia ficción (Sci-Fi) no es distinta. Y sin embargo, puede hacer todo lo contrario. A través de estos mundos nuevos, a simple vista tan diferentes del nuestro, podemos debatir sobre el real con más claridad incluso. Las narrativas nos permiten discutir sobre temáticas de nuestra realidad que se hacen más “manejables” si lidiamos con ellas a través de otros escenarios, otra sociedad. Nos podemos aproximar a debates sobre las estructuras, las tensiones, los problemas que nos afectan de manera distinta. Hoy en día, uno de los aspectos en los que esto se hace presente es la crisis climática.
A medida que crece la conciencia sobre el medio ambiente, el papel de la Sci-Fi como herramienta o espacio de reflexión y debate crece también. Lo que ofrece es algo que los puros datos o los informes infinitos no pueden: la posibilidad de “experimentar” los escenarios a futuro, más allá de leer los modelos y los números de qué es lo que va a pasar. A través de las narrativas, conceptos que para una persona cualquiera son abstractos – temperatura media del planeta en alza, ecosistemas que colapsan, escasez de recursos – pueden tomar forma, de alguna manera. Ya no son proyecciones de informes, son historias en las que verse reflejados, algo que toma forma gracias a las acciones de los personajes, tal y como la realidad toma forma en base a sus propias acciones.
Gracias al punto de encuentro entre la Sci-Fi y la conciencia ambiental, nace algo llamado Ficción Climática (Cli-fi). La Sci-Fi se ha usado, como decíamos, para debatir sobre muchos temas. Estructuras de poder, sistemas económicos, desigualdades de género, raza o clase, si piensas en un tema, seguro que encuentras un libro sobre él. La diferencia entre la ciencia ficción clásica y los libros cli-fi se encuentra sobre todo en la pregunta que usan para construir sus historias.
Mientras la sci-fi clásica suele centrarse en el qué pasaría si el (clima del) mundo colapsa, los libros de cli-fi se centran en otra duda – puede que más urgente –, dado que el (clima del) mundo está colapsando, ¿qué pasa ahora? Ya no trabajamos bajo escenarios de un futuro distópico e imposible de imaginar, estamos en una realidad que puede ser parecida a lo que ya sucede en algunas partes del mundo.
Esta tendencia es bastante obvia, pero si buscamos ejemplos concretos, la trayectoria de Kim Stanley Robinson puede ser un buen lugar en el que empezar. Mientras que sus primeras obras, como la trilogía de Marte Rojo [1] responden a la primera y clásica pregunta, sus obras más recientes como Ministerio para el Futuro [2] no se pueden clasificar como otra cosa que no sea Cli-Fi. Siguen siendo, sin lugar a duda, obras de ficción especulativa, pero las más recientes se centran en la urgente realidad que atravesamos. Sin embargo, la cli-fi, como parte del género de la ciencia ficción, sigue tendiendo a representar un patrón similar: escenarios distópicos. Una inundación que barre por completo el planeta, bosques reducidos a cenizas, colapsos de sociedades y de ecosistemas. Imágenes muy fuertes de lo que podría pasar, de lo que ya está pasando en cierto modo, que captan nuestra atención, pero también son un peso en la espalda. Cuando el futuro se representa siempre como algo terrible, imaginar uno mejor se convierte en algo cada vez más difícil. Cuando cada historia parece terminar igual, el riesgo está en que lo veamos como algo inevitable.

En los últimos años y como respuesta a esta saturación de desesperanza, ha surgido un nuevo género que pretende aportar una narración distinta. Conocido como solarpunk, este subgénero – puesto que sigue bajo el paraguas de la ciencia ficción – trata con la realidad de la crisis climática bajo otro punto de vista. En lugar de intentar adivinar como el mundo llegará a su fin, intenta imaginar distintas posibilidades de como continuarlo.
El giro principal que da el solarpunk es dejar atrás las historias centradas en el colapso, y se enfoca en lo qué podría pasar si las sociedades humanas aprendiesen a convivir en harmonía con los límites ecológicos. No quiere decir esto que las historias tengan lugar en mundos perfectos, existe el conflicto que da lugar a la historia. Pero las bases en las que se suceden las historias funcionan distinto: la sostenibilidad existe, se da por hecho que hay una comunidad y vida colectiva, y el progreso no se da a costa del medio ambiente. Las historias cautivan porque no hay una gran epopeya, un viaje increíble o una intervención heroica. Lo que se destaca es la vida cotidiana, gente que cultiva su comida, comparte recursos, como se desarrollan las relaciones y como existen y coexisten con el ecosistema que les rodea. El solarpunk es rompedor porque reimgaina lo que es vivir bien y lo que significa progreso. La idea de que el futuro no es algo a evitar o en lo que sobrevivir, como la cli-fi, sino algo a lo que aspirar, algo que puede merecer la pena.
A Psalm for the Wild-Built
Una acogedora introducción a este género podría ser A Psalm for the Wild-Builtde Becky Chambers [3]. El libro nos sitúa en un mundo en el que los humanos han logrado transicionar a una sociedad más sostenible, tras la “desaparición” de los robots en las tierras salvajes. La historia no va de salvar el planeta. El personaje protagonista es el monje de té Dex – una mezcla curiosa entre un camarero nómada y guía espiritual, por decirlo de alguna manera – que se siente poco satisfecho con su vida, y tiene dos grandes deseos: encontrar su propósito en la vida y escuchar el canto de los grillos (que se han extinguido en la mayor parte del planeta). En sus viajes, Dex conoce a Mosscap, un robot que le hace la simple pregunta que es: ¿qué necesita la gente?
La historia no termina con un giro dramático de los acontecimientos, se da a lo largo de diálogos y reflexiones mientras los dos debaten sobre la vida. No tenemos un viaje del héroe, que se termina transformando en algún momento. Esto es el punto fuerte del solarpunk. El simple contraste de los momentos tranquilos de la vida cotidiana contra las distopías del cli-fi. La búsqueda de Dex no termina con un gran descubrimiento, termina con la aceptación de que simplemente estar, existir y disfrutar de la vida, puede ser suficiente. La idea es sutil, pero tiene implicaciones mucho más profundas. En nuestra actual visión del mundo, nuestra relación con el mundo – social y ecológicamente hablando – se basa en la productividad, en logros, en impacto. Tenemos que ser productivos, nuestros propósitos son aspirar a algo más importante que nosotros mismos, tenemos que validar nuestra existencia. Hablando del medio ambiente, nuestra relación con la naturaleza se define con uso, extracción, control de la NaturalezaHasta nuestros esfuerzos para protegerla suelen estar presentados en términos que nos recuerden “lo que nos aporta”. El simple hecho de considerar que nuestra existencia pueda ser eso, una simple existencia que no se base en producir, es ya de por sí algo que rompe con la visión actual.
La imagen de Dex y Mosscap que están felices y contentos “sólo por” beber té mientras finalmente pueden escuchar a los grillos va mucho más allá. No necesitan ser productivos o cambiar el mundo, sólo tienen que maravillarse ante algo de lo que ya son parte. La evolución de la ciencia ficción, desde las distopías del cli-fi, a estos acogedores escenarios del solarpunk, nos demuestran lo importantes que pueden ser las narrativas. Necesitamos de historias que nos avisen de lo que puede pasar, pero también historias que nos ayuden a imaginar mejores maneras de vivir, no de manera heroica, de manera simple. Porque a veces la idea más radical de una historia no es salvar el mundo, es saber cómo vivir en él.
REFERENCIAS:
[1] Robinson K.S. (1993) Marte Rojo. Planeta.
[2] Robinson K.S. (2020 October) The Ministry for the Future. Orbit.
[3] Chambers B. (2021 July) A Psalm for the Wild-Built. Tor Books.
Imagen de portada: Vías del tranvía llenas de hierba. Foto de goodguyale de Unsplash



















