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Etienne Hoekstra
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Etienne Hoekstra2026-06-23 05:55:242026-06-23 09:00:29Un análisis actualizado sobre the Ocean CleanupLos Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEIDs) se encuentran entre los retos más acuciantes que nos impone en calentamiento global, debido a los riesgos relacionados con el mar como la erosión costera, las intrusiones salinas en el agua dulce, y las inundaciones marinas [1]: todo esto, combinado con la gran vulnerabilidad socioeconómica y las capacidades limitadas de los sectores tanto público como privado, ha hecho de ellos una prioridad en los últimos eventos de las COP y en los informes del IPCC. Considerando el rápido crecimiento de la población y los niveles de urbanización, los países insulares se han centrado en la construcción de medidas de protección como diques y rompeolas, típicas medidas de adaptación contra el cambio climático a pesar de los reconocidos impactos adversos que se sabe tienen estas estructuras en los procesos de la costa y sus hábitats. Uno de los proyectos más grandes de este tipo se inició en 2017 como la iniciativa insignia del atolón de Kiribati [2].
El país tiene una población de casi 10 000 habitantes, y ocupa una superficie de no más de 26 km2: es el cuarto país más pequeño del mundo, tan sólo superado por el Vaticano, Mónaco, y Nauru. El país está formado por tres arrecifes de coral y seis atolones en el centro de las islas de la Polinesia, cuya altura máxima son 4,5 m.s.n.m., y la media no pasa de los 1,83 m.s.n.m. Esto hace que el país sea uno de los más vulnerables al cambio climático y al aumento del nivel del marPara complicar todavía más la situación, el país se suele enfrentar a unas mareas fuera de lo común: las más fuertes son conocidas por los lugareños como “Marea Reina”, y puede alcanzar picos de hasta 3 metros, sumergiendo bajo el mar la carretera principal de la isla, así como las casas construidas cerca de la orilla.
La Proyecto de Adaptación de la Costa de Tuvalu cuenta con un presupuesto de 36 millones de dólares del Fondo Green Climate, 2,9 millones del gobierno local, y 1,3 millones del Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio de Australia, y de momento se ha ocupado en la recuperación de tierra y la construcción de una barrera resiliente en la costa de 2.7km, a lo largo de las tres islas clave de Funafui (la capital del archipiélago), Nanumea, y Nanumanga. Estas medidas han reducido de manera significativa la inundación durante la Marea Reina y las tormentas tropicales, y han hecho de Tuvalu el primer país del Pacífico en acceder a la financiación climática. El proyecto usa tecnología punta como la predicción de riesgos basada en LiDAR para permitir al gobierno pasar de dar respuesta a las emergencias, a una planificación urbana preventiva con una gran precisión. Hasta ahora no se habían realizado mediciones al detalle y rigurosas de la altitud de la isla y su relación con el nivel del mar, y no existen para la mayoría de los atolones en la región Pacífica, Tuvalu incluido. Por ello, el uso de esta tecnología ha permitido rellenar el vacío existente para poder tener un conocimiento detallado que permita responder a los impactos causados por el incremento del nivel del mar y de las olas. Además, el proyecto será continuado con un nuevo esquema urbano que priorice la seguridad de los habitantes y las infraestructuras críticas como el aeropuerto. El hospital estará en el interior, dejando una zona de buffer que lo separe del mar, y también habrá plantas de recogida y tratamiento de agua para el aeropuerto que podrán purificar el agua y usarla en caso de escasez [3].
Es esencial proteger estos trocitos de paraíso del arrollador efecto del cambio climático porque, a lo largo de los años, el gobierno no tenía los fondos necesarios para implementar las medidas de adaptación necesarias. La economía de este país depende principalmente del turismo y la industria pesquera, pero la sobrepesca ha hecho que el país se encuentre en una situación económicamente muy vulnerable. Se ha calculado que, sin intervenciones, a finales de este siglo más del 50 % de las ciudades se verían inundadas a diario por las mareas, mientras que una evaluación preliminar de los proyectos apunta a una reducción de más de 660 000 dólares en un plazo de 40 años, al tiempo que se garantiza un valor estadístico de la vida para al menos el 62 % de los residentes del atolón [4]. Otro beneficio añadido del proyecto, aunque difícil de calcular, es el alivio del estrés psicológico de los lugareños: al construir, en lugar de sólo planificar evacuaciones, los habitantes se sienten seguros al cambiar la narrativa, de ser “refugiados climáticos” a “innovar con resiliencia”.
El proyecto representa un ejemplo maravilloso de resiliencia y enfoque sostenible: refuerza las instituciones, los recursos humanos y la concienciación sobre estos curiosos ecosistemas, y lo más importante, reduce la vulnerabilidad de los residentes al establecer un plan a largo plazo para la resiliencia.
REFERENCIAS:
[1] Duvat, V. (2013). Coastal protection structures in Tarava Atoll, Republic of Kiribati. Sustainability Science, 8(3), 363–379.
[2] Kench, P. S. (2012). Compromising reef island shoreline dynamics: Legacies of the engineered paradigm of the Maldives. In J. A. G. Cooper & O. H. Pilkey (Eds.), Pitfalls of shoreline stabilization: Selected case studies (pp. 165–186). Springer.
[3] TCAP. (n.d.). Homepage. Accessed on March 11, 2026. http://www.tcap.tv/
[4] Saddington, L. (2025). The chronopolitics of climate change adaptation: Land reclamation in Tuvalu. Territory, Politics, Governance, 13(4), 448–467.
Imagen de portada: Vista de pájaro de la isla de Rufas, en Papúa Occidental, Indonesia. Foto de Enests Vaga en Unsplash.




















