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Pietro Boniciolli
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Pietro Boniciolli2026-10-06 05:00:042026-10-06 09:54:23Cuando la Herencia Pasa FacturaCuando la FIFA asignaba la organización del Mundial de Fútbol del 2026 a los Estados Unidos, México y Canadá, lo hacía con un objetivo claro: realizar el torneo más inclusivo y espectacular de la historia. Con 48 países participando, 104 partidos y 16 ciudades anfitrionas distribuidas en los 3 países, la edición norteamericana se presenta como la edición de esta competición más distribuida hasta la fecha [1]. Pero más allá del entusiasmo por el deporte, surge una pregunta cada vez más central en la organización de estos megaeventos: ¿pueden ser eventos de estas dimensiones realmente sostenibles desde el punto de vista ambiental? Por supuesto, la pregunta no está haciendo referencia solamente al fútbol, los grandes eventos internacionales (como las pasadas Olimpiadas de Invierno en Milano-Cortina) se han convertido en los últimos años en un símbolo de las contradicciones de la transición ecológica, promoviendo por una parte la innovación, inversión y sensibilización ambiental, mientras que por el otro conllevan consumos energéticos gigantes, grandes movimientos de personas, y emisiones de gases de efecto invernadero significativas. El Mundial de fútbol 2026 se coloca exactamente en el centro del debate, acentuado por la inmensa popularidad que trae consigo el deporte más seguido del mundo.
Uno de los elementos que hace diferente a esta edición de las anteriores es la gestión de las infraestructuras. A diferencia de Sudáfrica 2010, Brasil 2014 o Qatar 2022, no se ha construido ningún estadio exclusivamente para el torneo. Todos los partidos se disputarán en estructuras ya existentes, que pueden haber sufrido alguna modificación para adaptarse a los estándares de la FIFA [1]. Desde un punto de vista ambiental, es una elección particularmente significativa. Muchos estudios del ciclo de vida de las infraestructuras deportivas demuestran que la fase de construcción es una de las fuentes principales de emisiones asociadas a estos grandes eventos, sobre todo por el uso de cemento y acero, materiales que se caracterizan por grandes huellas de carbono.

Al usar los estadios ya existentes se reduce el riego de los llamados white elephants, infraestructuras que terminan por no ser utilizadas al terminar los eventos, generando costes económicos y ambientales para las comunidades locales. La FIFA ha acompañado está elección con una Estrategia de Sostenibilidad y Derechos Humanos más amplia, que implica a las ciudades anfitrionas, federaciones nacionales y socios comerciales en los objetivos comunes con respecto a la energía, los residuos, el abastecimiento responsable y la inclusión social [1].

Figura 1: Stadio di Vancouver (Canada) con accanto pallone e logo FIFA, fonte [7]
La sostenibilidad pasa también por la gestión diaria de las estructuras deportivas, y es aquí donde muchos estadios mexicanos implicados en el torneo se han transformado prácticamente en casos de estudio por su interesante adopción de tecnologías ambientales innovadoras.
Según un artículo publicado por Wired [2], campos como el Estadio Azteca de Ciudad de México, el Akron Stadium de Guadalajara y el BBVA Stadium de Monterrey han instalado un sistema de iluminación LED de alta eficiencia, seguimiento inteligente de los consumos eléctricos, sistemas de recuperado de aguas pluviales y programas avanzados de separación de residuos [2]. Algunas de estas estructuras también han introducido sistemas de vasos reutilizables y estrategias para la reducción de los plásticos de un solo uso durante los eventos, siguiendo así una tendencia cada vez más común en el sector deportivo internacional [2] Tratándose también de intervenciones aparentemente pequeñas, estas medidas pueden generar resultados significativos. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente (UNEP) [3], la gestión de los residuos supone una de las áreas en las cuáles los eventos deportivos pueden mejorar más rápidamente en un breve periodo de tiempo.
Si bien los estadios son el rostro más visible de la sostenibilidad, el problema ambiental principal del Mundial 2026 se halla en otro sitio. Según estimaciones por la empresa de medición de carbono Greenly, un informe de Reuters [4] indica que el torneo podría generar en trono a 7,8 millones de toneladas de CO2 equivalente, una cantidad superior al doble de las emisiones atribuidas al último mundial de Qatar 2022 [3], siendo la causa principal la geografía del evento. Las ciudades anfitrionas están distribuidas a lo largo de una vasta superficie de territorio que va desde la Canadá occidental hasta México central. Esto significa que los equipos, los hinchas, periodistas, patrocinadores, y operadores logísticos se ven obligados a recorrer miles de kilómetros durante la duración del torneo, y el transporte aéreo es precisamente el componente más difícil de descarbonizar. Pese a la presencia de estadios eficientes, alimentados por energías renovables, los vuelos siguen siento una parte predominante de las emisiones asociadas a un evento deportivo internacional. Es precisamente por este motivo que algunos investigadores definen el Mundial norteamericano como una prueba de fuego para comprender si es siquiera posible conciliar la creciente expansión de las competiciones deportivas globales, con los objetivos climáticos del Acuerdo de París del 2015 [4].
Más allá de contribuir a las emisiones globales, el torneo tendrá que enfrentarse directamente con los efectos del cambio climático. Muchos climatólogos han señalado que algunas de las ciudades anfitrionas podrían llegar a experimentar temperaturas particularmente elevadas durante la estación veraniega, especialmente al sur de los Estados Unidos y las regiones del norte de México [5]. El calor extremo representa una amenaza muy concreta, no sólo para la actividad deportiva, también para la salud de los hinchas, los trabajadores, voluntarios y personal relacionado con la organización. Para afrontar estos riesgos, la FIFA ha preparado protocolos específicos que incluyen pausas obligatorias para hidratarse (muy criticadas por su uso como espacio publicitario), seguimiento continuo de las condiciones meteorológicas, y procedimientos de emergencia en caso de temperaturas particularmente elevadas [5]. En este aspecto, el Mundial de 2026 está asumiendo un papel de conejillo de indias para la adaptación al cambio climático. Las medidas adoptadas se podrían convertir en un modelo a seguir para otras competiciones deportivas que tendrán que enfrentarse a un clima cada vez más inestable [3].
La sostenibilidad de un evento masico no se mide solamente con su desarrollo. El veredicto llegará en los años sucesivos, cuando se puede valorar si las inversiones y las innovaciones introducidas han generado beneficios duraderos, la famosa herencia del evento. La misma FIFA reconoce esto en la estrategia oficial, en la que prevén actividades de seguimiento y rendición de cuentas que continuarán incluso después del final del torneo [1]. El objetivo que han declarado tener es de transformar al Mundial en un acelerador de proyectos urbanos previamente existentes, favoreciendo mejoras permanentes en eficiencia energética, gestión de residuos y movilidad sostenible. Esta elección de emplear estructuras ya operativas supone una ventaja importante desde este punto de vista. Todos los estadios implicados seguirán siendo utilizados por los equipos profesionales, para eventos culturales y actividades comunitarias, reduciendo así el riesgo de desperdicio y abandono. Sin embargo, queda por responder la pregunta más compleja de todos: ¿cómo compensar el enorme impacto generado por los traslados internacionales? En los últimos años, numerosas organizaciones deportivas han recurrido a programas de compensación de emisiones mediante créditos de carbono [3]. Aún así, la comunidad científica sigue destacando, cada vez más a menudo, que la compensación no debe sustituir a la reducción real de las emisiones desde su origen. Por este motivo, muchos observadores consideran al Mundial del 2026 una ocasión para verificar si el sector deportivo está preparado para pasar de la lógica de la compensación, a una descarbonización efectiva [3].
Este evento enfrenta a los organizadores y a la sociedad civil a una realidad compleja. Por una parte, tenemos estadios más eficientes, programas de reducción de residuos, estrategias climáticas y una atención por la sostenibilidad en alza dentro de la gobernanza del evento. Por otra parte, tenemos las críticas a las emisiones del transporte, y a la escala cada vez mayor de las competiciones deportivas a nivel global. Por este motivo, el éxito ambiental del torneo no se podrá valorar a través del número de certificaciones o las iniciativas puestas en marcha durante las semanas de competición. La auténtica medida del impacto será la capacidad de dejar una herencia duradera, con ciudades más resilientes al cambio climático, infraestructuras más eficientes, prácticas organizativas replicables, y una conciencia mayor sobre la relación deporte-sostenibilidad. En el fondo, el mayor reto del Mundial 2026 no tiene que ver con quién levantará la copa, si no con la capacidad del fútbol mundial para demostrar que incluso el evento deportivo más grande del planeta puede contribuir a la transición ecológica, en lugar de obstaculizarla.
REFERENCIAS:
[1] FIFA (2025). FIFA World Cup 2026 Sustainability and Human Rights Strategy
[2] Wired (2025). How Mexican World Cup Stadiums Achieved FIFA’s Environmental Certifications. Wired Magazine.
[3] United Nations Environment Programme (UNEP). Sports for Climate Action Framework. https://unfccc.int/climate-action/sectoral-engagement/sports-for-climate-action
[4] Reuters (2026a). Climate cost of expanded World Cup under scrutiny as emissions set to soar. https://www.reuters.com/business/environment/climate-cost-expanded-world-cup-under-scrutiny-emissions-set-soar-2026-06-09/?utm_source=chatgpt.com
[5] Reuters (2026b). Volatile summer weather threatens to turn World Cup into test of heat.
[7] https://www.pexels.com/it-it/foto/stadio-di-vancouver-e-pallone-gigante-della-fifa-38104078/
Cover and preview image: Pelota sobre el césped, source [6]



















